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Diana, Isaac y Millán son tres amigos que van a Veracruz al funeral de la anciana Lula, tía de este último. Desde la planeación del viaje hasta su recorrido, vamos descubriendo a tres personalidades distintas, pero capaces de convivir en un mundo que aparenta estar al revés. Un mundo tan común como el de cualquiera, pero con las ganas de que sea diferente.
La obra sucede en 6 espacios: El escenario en donde Millán presenta sus monólogos “cómicos”; la cafetería donde se descubre la muerte de la tía Lula; la tintorería donde se planea el viaje; la central de autobuses de un pueblo donde están “atorados”; un motel de paso; y la funeraria donde velan el cuerpo...no de la tía Lula, sino de Millán. 
El hombre sin adjetivos es una tragicomedia en la que la finalidad es un mero pretexto para dar un punto de vista, objetivo, divertido, de lo complicado que pueden ser los comportamientos humanos. El autor nos cuenta esta historia, pero no puede evitar que otras historias se cuelen. Tal vez la de los que leen este texto, tal vez la de nuestros vecinos, tal vez la de aquel que apenas conoceremos esta noche. Eso es lo atractivo de la obra: La historia de todos, mezclada en la historia de tres personajes, que desde el texto, resultan entrañables.

Trabajar un texto de Mario Cantú, ha sido complicado, pero gozoso. Desde que se los planteé a mis actores, sabía que me enfrentaba a un reto de interpretación, que espero haber superado.
Cantú es un dramaturgo que escribe para la escena. (Esta afirmación parece una perogrullada, pero no está de más aseverarlo, puesto que pareciera que hay una nueva corriente dramatúrgica que se olvida del montaje.) Su sentido del humor es de altos vuelos, y encontrar el tono exacto para cada parlamento, fue una ardua tarea de los actores, que me fueron guiando por los vericuetos de un hombre que ha perdido los adjetivos necesarios para hallarse en una “vida digna”.
Sí, El hombre sin adjetivos juega con el sincretismo, valga el término, entre la vida y la muerte. Plantea la necesidad del ser, del estar, del venir: convierte al dramaturgo en un filósofo de nuestros tiempos, que a través de una historia tragicómica, nos inyecta vitalidad para buscar esos adjetivos que nos definen. Y claro, nos divierte con sus disertaciones. ¡Qué otra cosa quiere el teatro!
Es por eso que ahora compartimos con el público la historia de estos tres jóvenes que hacen un viaje para encontrarse con la muerte… de la Tía Lula. Lo demás se va dando.
Nosotros nos hemos divertido mucho en el proceso de montaje. Esperamos sinceramente poder compartir con ustedes este gozo, porque nosotros queremos seguir siendo hombres y mujeres… sin adjetivos. ¡Salud!
Daniel Serrano
Todo un éxito la presentación de
El hombre sin adjetivos
en Hermosillo.
Nota publicada el 2 de junio del 2008 en el periódico "El Imparcial", de Hermosillo, Son.

